jueves, 28 de enero de 2010

También por 1932 se debe pedir perdón

También por 1932 se debe pedir perdón


Caralvá

El levantamiento campesino se inicia el 22 de enero de 1932, pero la matanza ocurre días después. 

El próximo 25 de enero de 2010 será el 78 aniversario del mayor genocidio de nuestra historia patria,  puesto que el 25 de enero de 1932, la etnia nahua acusada de comunista fue pasada por las armas sin piedad alguna.

Al margen de muchos elementos conocidos de injusticias y la ilegalidad de la naciente dictadura del General  Maximiliano Hernández Martínez, este acontecimiento no ha sido redimido a favor de la etnia nahua.

Acusados de comunistas para justificar sus asesinatos, miles de pobladores de Izalco, Sonzacate, Nahuizalco y Juayúa fueron ejecutados sumariamente; debe mencionarse que en este último sitio también fueron quemadas las biblias protestantes y mataron a los recién convertidos por ser comunistas.

La estela de muerte no fue denunciada por nadie, ni la Iglesia Católica, ni la inicial iglesia protestante defendieron el quinto mandamiento de la Ley de Dios: No Matarás. Tampoco hubo defensa de las iglesias o los gobiernos de Honduras, ni Guatemala, los únicos que dudaron de aquella barbarie fueron los costarricenses, condición que ahora agradecemos por su valor histórico.

Las verdaderas causas de aquél levantamiento étnico fueron: "fraude electoral, exclusión de sus tierras comunales (hasta 1879, un cuarto de tierra de El Salvador era de las comunidades indígenas), depresión económica",  y del lado gubernamental un Golpe de Estado que rompió el orden institucional y democrático entre el 2 y 4 de diciembre de 1931,  así se inicia el mayor invento político del siglo XX en El Salvador, la creación de la confabulación comunista, para justificar la dictadura y tratar de ganar el reconocimiento nacional e internacional.

Hasta la fecha, la etnia es tildada de comunista y a pesar del Acuerdo de Paz de 1992, el himno de un partido político repite: "El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán", frase a tomar muy en serio y con preocupación, puesto que así como no se ha condenado oficialmente este genocidio, tampoco se ha eliminado esa frase que evoca tantas injusticias del siglo pasado. 

Es oportuno cambiar la historia nacional en temas como 1932, ahora que se pide perdón por tantas situaciones injustas de la reciente guerra civil, también se debe pensar en ese horrendo acontecimiento que significó el mayor etnocidio en el siglo XX en América Latina. 

Ahora es tiempo de pensar en una sola Paz para la Patria de Todos, fortalecer la democracia, impulsar la razón, el debate nacional,  el recurso de la conciliación por métodos pacíficos bajo una nueva historia nacional.  Una nación que reencuentra en el pasado su razón de ser y justifica el presente, para defender su futuro.

La masacre de 1932 (II)

La masacre de 1932 (II)

 

Alirio Montoya*

Es preciso señalar que no tenemos por qué perder de vista el elemento que le dio vida al levantamiento; y es que ese acontecimiento, según Tomas Anderson, se distingue por ser el primer movimiento revolucionario latinoamericano en el cual desempeñaron el papel más importante hombres considerados como comunistas internacionales. Por cuanto, quedémonos con que fue una insurrección popular en donde el PCS jugó un importante papel junto a los campesinos e indígenas.

Se tiene que decir también con toda propiedad que fue el problema agrario el que más incidió, relacionado éste con la tenencia desproporcional de la tierra y el salario de los trabajadores y campesinos-indígenas. 

El salario que los grandes cafetaleros pagaban a los campesinos era de miseria, al respecto Marx ya había señalado que, "El nivel mínimo de salario, y el único necesario, es lo requerido para mantener al obrero durante el trabajo, y para que él pueda alimentar una familia y no se extinga la raza de los obreros. 

El salario habitual es, según Smith, el mínimo compatible con la simple humanité, es decir, con una existencia animal". La crisis mundial de 1929 también fue un elemento que incidió a que el café, como monocultivo de exportación y base de la economía salvadoreña, disminuyeran sus exportaciones, en consecuencia, los despidos aumentaron y los salarios de hambre pagados a los campesinos-indígenas fueran aun más bajos. 

Fue por lo tanto una conjunción de factores que le dieron vida a las contradicciones de clase, y ello propició a que en enero de 1932 se iniciara la insurrección.

Una vez llevada a cabo la insurrección, comandada en algunos sitios del occidente del país por líderes campesinos e indígenas, y en otras partes por líderes sindicales y comunistas, las fuerzas represivas de la dictadura militar del General Martínez apoyado por la oligarquía respondieron con represión indiscriminada contra el pueblo. 

Algunos afirman que los muertos fueron cinco o quince mil muertos, pero hay otros que registran más de treinta mil muertos, en su inmensa mayoría indígenas; por ello es que anteriormente he señalado que fue un etnocidio porque la mayoría de ejecutados fueron indígenas que no comprendían lo que era el comunismo, únicamente ellos se sublevaron con la intención de que cambiaran sus condiciones precarias de vida, y esa motivación era coincidente con el planteamiento de los comunistas.

El régimen de manera preeminente y con toda la premeditación perversa del caso, tergiversaron la idea del comunismo hasta llegar a satanizarlo. 

Una vez que la dictadura militar sembró en la opinión pública la vinculación entre comunistas e indígena, a manera de sinónimo, propició la "legitimación" o "justificación" de la masacre. 

En esto, como ha sido siempre y hasta la fecha, los medios de comunicación de derecha o conservadores, hicieron su papel de distorsionar los hechos. 

En los periódicos como La Prensa aparecían las siguientes líneas tendientes a favorecer y justificar la masacre propiciada por el régimen: "gracias a la energía del Gobierno del General Martínez ha sido restablecida totalmente la paz". Es de observar cómo este periódico manejó y ocultó la realidad, porque cuando se menciona el término "energía" lo hace para no mencionar la palabra violencia o genocidio. 

Los muertos se contaban por centenares en las líneas férreas del occidente del país, y para justificar la desaparición y calcinación de esos cuerpos masacrados el periódico en mención seguía diciendo: "Para evitar las epidemias, la dirección General de Sanidad ha ordenado la incineración de los cadáveres de los comunistas muertos en los diferentes encuentros habidos en la República". Y a los indígenas los definían como terroristas y personas salvajes.

 Héctor Lindo Fuentes señala que el hecho de que la historia esté condenada a repetirse tiene que ver tanto con la capacidad de olvidar como con la capacidad de recordar. Y sigue diciendo que una exploración de cómo diferentes elementos de la sociedad salvadoreña seleccionaron, silenciaron y reacomodaron diferentes aspectos de la historia de la matanza de miles de campesinos e indígenas que tuvo lugar en 1932 nos ayuda a comprender la problemática historia de El Salvador.

Como país hemos entrado en una fase transicional, y es oportuno señalar la importancia de recobrar la verdadera memoria histórica de nuestro pueblo, la cual los anteriores regímenes han ocultado durante tanto tiempo. 

Es de mencionar que la rebelión de 1932 finaliza con el fusilamiento de uno de sus líderes, como fue Farabundo Martí, y por supuesto tiene que resaltar el nombre de otros líderes que sobrevivieron a la masacre como Miguel Mármol, fundador del Partido Comunista Salvadoreño y dirigente sindical. 

Así finaliza el levantamiento del 32 pero se recrudece la represión contra el pueblo salvadoreño mediante la imposición de un estado de excepción que se promulgó y prolongó durante la dictadura de Martínez hasta las posteriores dictaduras militares.

Esta suspensión de garantías constitucionales implicó represión contra el pueblo organizado y persecución contra sus líderes. Así tenemos que Miguel Mármol huyó hacia el oriente del país, específicamente se radicó en el Departamento de Usulután, otros se exiliaron en el extranjero. 

Pero lo más importante es que quedó sembrada la semilla insurreccional que germinó en las décadas de 1970 y 1980, dando como resultado la guerra civil que duró 12 años y se culminó con la firma de un Acuerdo de Paz, por razones del destino firmado en el mes de enero de 1992.

Mediante este Acuerdo lo que se logró fue simplemente un cese al enfrentamiento armado, pero no se logró erradicar el problema de raíz que es la injusticia social, siendo la oligarquía la más beneficiada porque instauró un neoliberalismo ortodoxo que, hasta la fecha y aun con cambio de gobierno de izquierda, se mantiene sin presentar signos de verdaderos cambios. 

Se espera que esto vaya cambiando pronto por el bien de la clase trabajadora y los campesinos, siendo éstos últimos los que mayor protagonismo han tenido en las luchas armadas en toda la historia insurreccional de El Salvador.

Los hechos de 1932, por haber ocurrido justamente al finalizar el mes de enero, es importante que se le dé mayor importancia a su celebración, incluso muy por encima del Acuerdo de Paz. Creo que está más lleno de significado ese acontecimiento, en el entendido de la imperiosa necesidad de comprender la historia para controlar el presente y evitar en el futuro que un hecho abominable como la masacre del 32 se repita.   
    

lunes, 18 de enero de 2010

Manuel José de Arce y Fagoaga

Manuel José de Arce y Fagoaga


Manuel José de Arce y Fagoaga

El General Manuel José de Arce y Fagoaga (San SalvadorEl Salvador1 de enero de 1787, - id. 14 de diciembre de 1847) fue un militar y político de El Salvador, primer Presidente de la Provincias Unidas de Centroamérica.

Fue hijo de Bernardo José de Arce y Antonia Fagoaga. Casó con Felipa de Aranzamendi y Aguilar. Era descendiente de Sancho de Barahona "El Viejo" uno de los conquistadores que estaba con Hernan Cortez en Tenochtitlan y luego con Pedro de Alvarado. Se graduó de Bachiller en Filosofía enGuatemala.

Participó desde fecha temprana en las actividades independentistas, entre ellas el primer Grito de Independencia dado en su ciudad natal el 5 de noviembre de 1811. Sufrió prisión por motivos políticos de 1815 a 1818.

Adversó enconadamente la idea de la anexión de El Salvador al Imperio Mexicano establecido por Don Agustín de Iturbide y participó en la misión enviada a los Estados Unidos de América para tratar de lograr que El Salvador pasara a formar parte de ese país.

Formó parte de los gobiernos provisionales centroamericanos que rigieron de 1823 a 1825. Para las elecciones presidenciales centroamericanas de 1825, aunque la mayoría numérica correspondió al conservador hondureño José del Valle, la fracción liberal del Congreso federal decidió que no había habido mayoría absoluta y escogió a Manuel José de Arce y Fagoaga como Presidente para el período 1825-1829. Esto hizo que su administración fuese polémica desde el principio.

A pesar de ser liberal y haber sido apoyado por los liberales, pronto se distanciaron de él y desde 1826 ni el Congreso ni el Senado federal volvieron a sesionar. Arce obtuvo entonces apoyo en el clero y en el partido conservador, pero también tuvo dificultades con el gobierno del Estado de Guatemala, y para 1827 gran parte de Centro América estaba en guerra civil.

En 1828 llamó temporalmente a ejercer la presidencia al Vicepresidente Mariano Beltranena y Llano, y cuando quiso reasumirla, Beltranena se negó a entregársela. A pesar de ello, cuando en abril de 1829 Francisco Morazán Quesada tomó el poder por la fuerza de las armas y se designó a José Francisco Barrundia y Cepeda como Presidente provisional, Arce fue perseguido y exiliado. Residió primero en los Estados Unidos y después se estableció en México. Regresó a El Salvador en 1842.

domingo, 17 de enero de 2010

José Matías Delgado

José Matías Delgado

José Matías Delgado

El Presbítero y Doctor José Matías Delgado, (San Salvador, El Salvador, 24 de febrero de 1767 - id. 12 de noviembre de 1832) fue un eclesiástico benemeritamente recordado como El Padre de la Patria Salvadoreña, héroe y prócer nacional y de la Federación Centroamericana. Fue un sacerdote católicosalvadoreño.

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Biografía [editar]

José Matías Delgado y León nació en San Salvador, el 24 de febrero de 1767, siendo hijo de don Pedro Delgado (de origen panameño) y doña María Ana de León (de origen guatemalteco). Hermano de los también independentistas, Juan y Miguel.

En los Seminario Tridentino, Seminario o de la Ascensión de Nuestra Señora cursó la carrera sacerdotal y dio curso a los trámites para convertirse en abogado de la Real Audiencia.

Al regresar a San Salvador, a partir del 12 de agosto de 1797 inició sus funciones como cura rector, vicario provincial, juez eclesiástico y último comisario local del Tribunal del Santo Oficio. Desarrolló una intensa labor pastoral y en 1808 inició los trabajos de reconstrucción de la antigua Iglesia Parroquial de San Salvador (hoy Iglesia del Rosario), los cuales fueron concluidos una década más tarde.

Dirigió junto con su sobrino Manuel José Arce y Fagoaga y otros patriotas criollos el movimiento insurreccional del 5 de noviembre de 1811, fecha en que la leyenda ha perpetuado que fue él el que tocó, a rebato, las campanas de la Iglesia de La Merced.

En 1813, fue electo diputado provincial con sede en la ciudad de Nueva Guatemala, donde se desempeñaba como rector del Colegio Seminario o Tridentino y se encontraba retenido por orden arzobispal, por lo que no tuvo participación en el intento emancipador de enero de 1814.

Electo de nuevo como diputado provincial en 1820, el 15 de septiembre de 1821 fue uno de los firmantes del Acta de Independencia.

El 28 de noviembre de 1821 se convirtió en jefe político civil de la provincia de San Salvador. Desde este cargo, el 11 de enero de 1822 encabezó la protesta de la ciudad contra la anexión al imperio mexicano del brigadier Agustín de Iturbide y Aramburu.

Como respuesta, San Salvador fue atacada por tropas de San Miguel y de México, entre abril de 1822 y el 9 de febrero de 1823. Estas acciones pusieron fin al gobierno local encabezado por Delgado, quien había hecho importantes movimientos diplomáticos internacionales durante esa gesta de defensa. Dos de los más importantes fueron solicitar una tregua al brigadierVicente Filisola y enviar una delegación hacia Washington DC, con el fin de solicitar la incorporación de la provincia a los Estados Unidos de Norte América.

Caído el Imperio Mexicano, el presbítero y doctor Delgado fue electo como uno de los representantes nacionales ante el primer Congreso Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América, cónclave que se reunió en la ciudad de Guatemala a partir del 24 de junio de 1823, bajo la presidencia del prócer y sacerdote salvadoreño.

Reunió los fondos populares con los que se compró en Guatemala la primera imprenta oficial salvadoreña, en la cual se imprimió el "Semanario político-mercantil de San Salvador", primigenio periódico salvadoreño, aparecido el 31 de julio de 1824.

Testimonios de sus contemporáneos lo retratan como una persona de carácter inquieto y alegre, poseedor de fácil palabra y fogosa oratoria, acreditado patriotismo, austero en sus costumbres, astuto, ambicioso, impávido, firme y justo en sus decisiones o resoluciones. Gracias a las cartas, manifiestos, arengas, sermones y otros documentos políticos que de él se conservan, es posible concluir que su estilo, aunque no era pulido y revisado –quizá por las circunstancias-, sí era sobrio, claro y sencillo.

Enredado en una acre y feroz polémica con el Arzobispo de Guatemala y las autoridades vaticanas, a causa de haber sido nombrado Obispo de San Salvador por las autoridades locales civiles (el 5 de mayo de 1824), el prócer vio agravarse su salud hasta que le sobrevino la muerte, en San Salvador, a las 20:30 horas del 12 de noviembre de 1832.

Al día siguiente, su sepelio se constituyó en una verdadera manifestación popular de dolor, en la que las flores blancas y los masivos llantos acompañaron a su níveo féretro desde la Plaza Mayor (ahora Plaza Libertad) hasta su sepultura, abierta al pie del altar mayor de la Iglesia Parroquial capitalina. Como dato curioso, una lluvia de estrellas fugaces cubrió el cielo esa misma noche.

En diciembre de 1878, el abogado, educador y periodista salvadoreño Rafael Reyes publicó el primer estudio biográfico del Dr. Delgado, al que siguieron los de otros intelectuales centroamericanos, como Francisco Gavidia, Carlos Meléndez Chaverri, Ramón López Jiménez, Rodolfo Barón Castro, José Salvador Guandique, Jorge Lardé y Larín y otros más.

Títulos y Honores recibidos [editar]

  • Las borlas doctorales en Cánones, Sacra Teología y Jurisprudencia obtenido en la Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, en la hoy ciudad de Antigua Guatemala.
  • El título de Benemérito de la Patria, otorgado el 22 de enero de 1833, por la Asamblea Nacional.

Monumentos Dedicados [editar]

Efigie del Padre Delgado en una moneda de Colón
  • Un retrato pintado al óleo (la Asamblea Nacional ordenó que fuera colocado en su salón de sesiones. Copiada y litografiada en Nueva York, en 1878, por A. Demarest, de esa pintura proceden las imágenes actuales de este sacerdote prócer).
  • Un busto en mármol (instalado en la Avenida Independencia (1902)),
  • Una estatua (donada por las colonias alemana, austríaca y suiza residentes en el país (14 de septiembre de 1913; Fue colocada al sur del Parque Arce o Plazuela de San José. El terremoto del 10 de octubre de 1986 la echó por tierra y la partió en varios pedazos).
  • Una estatua al interior de la universidad que lleva su mismo nombre.

lunes, 4 de enero de 2010

comentario

"El acta de independencia es una fantasía histórica": Dr. Nelson García

 

Por Néstor Martínez
Redacción Diario Co Latino


El Dr. Nelson García, apuesta que "el 60% de los analfabetos del país" no han leído la famosa "acta de independencia" de 1821, de que la afirma "no deja de ser una crónica cursi de un acontecimiento más cursi todavía", es más, asegura que "jamás", excepto Diario Co Latino, ningún medio de comunicación la ha publicado.  Así que, como él dice, ya pasaron los tiempos en que los inquisidores podrían pasarlo por la hoguera, se siente en la plena libertad de comentarnos qué tanto significado tiene la dicha "acta de independencia" y la celebración de la independencia misma, que es lo mismo que celebrar el día de las pupusas.

– ¿Cuál es su visión de la independencia?
Mi visión de esos acontecimientos históricos, obviamente, ya no son los que mencionaban los maestros de primaria, revestidos de una serie de encajes ficticios, fantásticos, de una odisea de lucha social, y afortunadamente ya pasaron los tiempos de la herejía como para que el tocar estos temas irreverentemente pudiera significarle la hoguera a cualquier opinante, como era costumbre en el pasado, ya que mitificaron actitudes que eran simples manifestaciones de intereses creados y en el logro de fortalecer esos intereses se tomaron decisiones que tuvieron una cierta trascendencia de carácter político, ese es el caso de la independencia, un movimiento generado por el deseo de los terratenientes más connotados de esa época de independizarse del pago de los impuestos a España, obviamente, en este círculo destacan las figuras denominadas próceres José Matías Delgado, José Cecilio del Valle y José Simeón Cañas, cada uno con un alrededor de unas 15 mil manzanas de terreno, productores de añil, ubicadas en San Vicente, Zacatecoluca, etcétera.

– La independencia vino de México, donde sí hubo lucha…
¡No! Más creería yo que México avala este movimiento sectorial, porque no es un movimiento popular, el pueblo, dicho sea de paso, no cambió ninguna condición de esclavitud, que al fin y al cabo eso es lo que representa la independencia, la dependencia de otro Estado pero bajo formas muy paralelas a la esclavitud, entonces no hubo una participación. Si usted lee el acta de independencia, allí no aparece ningún apellido de esos que llamamos vulgares, muy por el contrario, son apellidos que predominan a estas alturas, porque incluso el acta dice "reunidos distinguidos miembros", ¿y el pueblo? Es decir, había dos clases: el pueblo y los distinguidos miembros de la sociedad, entonces no fue un movimiento de connotación popular, pero lo más tremendo de esto son detalles históricos, uno de ellos, el 15 de septiembre no es el día de la independencia de El Salvador, es el día de la independencia, si le podemos llamar así, en que Guatemala, allá, levanta, promovida por dos provincias, un acta que no es acta, sino una relación de hechos, así, en una frase simplista dice que ya no van a depender del yugo español, siete días después, el 21 de septiembre, aquí repiten lo mismo, pero como el acta no es acta, no se integró como debía un texto que contuviera las razones por las cuales se declaraba, primero la independencia y segundo, quienes la declaraban, porque dice allí que se hace esto porque hay una amenaza de que el pueblo está inconforme, pero no hay una institucionalidad de un congreso declarando la independencia, eso realmente viene a cobrar algún perfil jurídico en 1843.
El acta no es ningún perfil jurídico, ni filosófico, ni es de teoría del Estado, ni nada, es una crónica folclórica de un acontecimiento en el cual una persona, como gran detalle ha leído de pie algo que tampoco consta en el acta, pero que todos aprueban, entonces, en la creación de esta fantasía histórica, a esto le han denominado el acta de independencia, como en Costa Rica también, solo que en Costa Rica había cuatro actas de independencia, como que había habido un sarampión independentista, porque de esa plaga histórica, la provincia de Cartago hace una declaración, pero otros ayuntamientos ya se habían adelantado a declarar su independencia, en la Wikipedia dice que, "en sentido estricto no lo fue", aparte de eso no había constitucionalidad porque Costa Rica ya no formaba parte del congreso centroamericano, entonces, la declaración de Nicaragua, que es la que contagió a la Costa Rica no tenía ninguna vinculación jurídica ni contextual, de tal manera que no es acta de independencia, porque lo que estaban pensando y así lo hicieron fue quererse anexar a México y a los Estados Unidos, y se fueron cuatro congresistas salvadoreños, y por cierto pasaron cinco meses en Washington, y al ver que no los recibían, mejor se regresaron, como que no les interesaba que fueran o no fueran independientes, de tal manera que tras esa ninguneada ya no prospera la idea de la anexión, quiere decir que no había un pensamiento de independencia, había un rompimiento de relaciones con España, vamos a decir así, quebrantando las relaciones del virreinato…

– Eso no tanto, porque en el acta se reconoce al jefe político español, no dice que se han derrumbado a nadie…
… no llega ni a la categoría de golpe de Estado, para ponerlo en términos modernos, ni a asonada siquiera, no hay nada. Ahora bien, hubiese sido interesante que de ese germen, de ese rasguño histórico, o rompimiento de vestiduras, diría yo, hubiera surgido una idea real de lo que es un Estado independiente, pero ni siquiera gracias a la presencia de las facultades de Derecho, que las había en la antigua Guatemala, y que luego en El Salvador se establece en la Universidad Nacional, ni siquiera esos perfiles logran constituir en la mentalidad social un concepto de lo que es un Estado independiente, y a estas alturas en lo que la globalización significó el borrar de un manotazo económico todos los conceptos de soberanía nacional, menos que pudiera tener vigencia esa independencia.

– ¿En qué plano queda el día de la independencia nacional?
Igual que el día de las pupusas. Es algo folclórico, intrascendente en la realidad, porque al pueblo no se le ha inculcado ese concepto, es más, aquí ya vemos que no hay ni siquiera, y eso lo hemos combatido los que tenemos alguna idea de lo que es ser nacionalista, desde que se han querido imponer decisiones del extranjero, como son las sentencias de la Corte de los Estados Unidos, referente a la extradición, por ejemplo.

– ¿En qué quedamos históricamente? ¿Es una historia artificial la nuestra?
Alguien dijo que este país hay que rehacerlo, y ese no anda muy equivocado en todo sentido, este es un país en el que las contradicciones entre la realidad y la fantasía son tan profundas que basta un "slogan" de publicidad contra la realidad, y hablando de publicidad hay una grave responsabilidad en la desviación de la salud mental de este país.

– ¿Qué lecciones nos deja el acta de independencia?
El acta no llega ni siquiera a la condición de empujar a una visión de algo, no hay allí un concepto de libertad, no hay un concepto de dignidad. La declaración de independencia de los Estados Unidos de 1776 de Filadelfia, Pensilvania, contiene todo un contexto de teoría del Estado, de derechos humanos, de derechos sociales, y de las razones por las que un pueblo no puede estar sujeto a la voluntad de un país extranjero, y cuando llega a un punto crítico la única solución es romper las cadenas o lazos que los une con ese pueblo que se supone superior, entonces, el Acta de Independencia de los Estados Unidos, que está basada en los libros de, pensador inglés John Locke, y que fue elaborada por Thomas Jefferson, cuarto presidente de los Estados Unidos, es toda una biblia de carácter político, un asentamiento de principios, de derechos individuales y estatales, allí sí hay una orientación de hacia donde debe de ir la convivencia en esa sociedad que llamamos Estado, cuál es el rumbo y el sentido del Estado, pero de la crónica relatada en el acta de independencia centroamericana lo que sale de allí son unas conclusiones de celebrar unos actos religiosos, que por cierto ya no se celebra, y de crear una agenda de cómo se les va a comunicar a una serie de funcionarios par que sus diversos pueblos revienten cuetes a raíz de esta noticia que se les está dando. Del acta de independencia no se puede sacar ni siquiera un consejo familiar, de comportamiento del individuo, se olvida la palabra "patriotismo", como no estaba en la mente, porque en la mente de los que la hicieron estaba la liberación de los impuestos de España, así de sencillo, eso está demostrado históricamente, lo único que ahora lo digo con mucha más comodidad porque cuando el primer historiador de este país les señaló que no existía Atlacatl, que no existía la tribu pipil, que no existía Atonal, que no existía Tonatiú, y que los llamados próceres estaban llenos de mezquindades personales para su motivación, ese hombre por poco lo cuelgan en el parque Libertad.